Wednesday, August 18, 2004

[ Golem: Buscando el Significado de la Melancolía ]



Un debut que nos muestra que las guitarras no mienten cuando son capaces de crear paisajes tristes pero con luz entre las nubes.

Por Juan Carlos Ramírez


A una inmensa minoría le gusta que el pop enseñe el significado de la palabra melancolía. Ni la fiesta funk, ni la elegancia electrónica, ni la búsqueda huachaca son capaces, para ellos, de sobrevolar y finalmente explorar los abismos del amor. Aunque sus letras mencionen la bendita palabra todo el tiempo, sólo en los acordes menores, en los arpegios cuidados y en las voces que cantan el auge y caída de un corazón, está la respuesta. La bendición, lenta pero segura, que Golem va recibiendo tras la rotación del single “Fiel” y su disco debut, es la prueba de ello.

“Si es por hacer ruido, las bandas sobran”, señala Manuel Burgos, voz y bajo del trío. Y eso lo comprobaron hace dos años, cuando junto a Rodrigo Quiroga (voz y guitarra) y Erick Albarrán (batería) decidieron mostrar esas canciones que componían después de clases al concurso de bandas jóvenes organizado por Balmaceda 1215. Quedaron finalistas y lograron tocar en la Estación Mapocho, entre rudas bandas de pelo largo y poleras negras y un público que lo único que quería era escuchar a Chancho en Piedra.

“Fue un suplicio, pero llamamos la atención”, dice Manuel. Tanto así que obtuvieron el reconocimiento de la SCD. Gran espaldarazo a una vocación melódica heredada del primer Radiohead (léase “The Bends”), y que se materializó en su flamante disco homónimo. Trece fragmentos de tardes de playa nublada, vueltas a casa entre arenas movedizas y la mañana siguiente después de llorar. Lo mejor es que no dan ganas de cortarse las venas, sino de lavarse la cara y salir a la calle de nuevo.

“No nos gusta clasificarnos”, sostiene Manuel. “Creo que lo único que hay que dejar en claro es nuestra influencia melódica que viene del rock y pop europeo y británico”. Y eso se percibe desde la carátula hasta el armado de las canciones. Una sincera exploración a la tristeza, como decíamos antes.

Pero las cosas no fueron fáciles. Partieron tocando con muy poco. A lo más una guitarra y secuencias. Luego a grabar las maquetas y buscar cuanto concurso haya para mostrar sus piezas. “El disco costó sacarlo, pero en determinado momento comenzó a fluir”, confiesa Manuel. Si bien la batería, por ejemplo, fue hecha por computador, esto puede convertirse en una ventaja al momento de verlos en vivo. “Ahí se puede apreciar la verdadera potencia de la banda. Arriba de un escenario. Después de todo, así se toca el rock, ¿no?”, dice el músico.

Lo importante al final son las canciones. ¿Cómo van naciendo?

“Las experiencias personales nos motivan a Rodrigo y a mí a componer. Pero sin caer en lo cebolla, en lo rasca. La idea es hacer canciones agradables al oído. No se trata de poner los ojos en blanco y hacer tremendos solos de diez minutos, sino de cuidar las voces, la línea melódica, el entramado de la canción”.

El asunto no es menor, ya que tal vez sea el punto distintivo de su música. Porque, como Manuel explica, cuando escuchas a Travis, The Smiths, Radiohead o Morrisey, es imposible no querer preocuparse de las melodías ni de ir directo al grano. Ellos son los maestros de la búsqueda.

“Un tema puede llegar en cualquier momento, pero se vería extraño ponerse a tararear con una grabadora en la micro, por ejemplo”. El asunto es sencillo. Al momento de llegar algo interesante no queda otra que cantarla despacito hasta llegar a la casa. Una grabadora y listo. “A ensayarla hasta que empiece a salir”, confiesa el bajista.

Lo que sí tienen claro es que este camino recién comienza. Y con un promedio de 22 años hay mucho por delante. Además, el plan maestro de Golem es llegar al máximo de gente. Nada de encerrarse en los paraísos artificiales de lo indie y el fundamentalismo alternativo.

“Queremos mostrar algo distinto a lo que suena en estos momentos. El aire tiene que ser renovado. Es la responsabilidad de las bandas pero también de la gente, que debe ser más abierta, más tolerante a la hora de escuchar música”, concluye Manuel.

¿Cuántas veces hemos escuchado esto? Miles. ¿Hay razones para confiar de nuevo? Sí. Un disco debut que nos ilustra el paisaje de la melancolía. Esperemos que con el tiempo se vayan aclarando cada vez más los colores. Aunque siga nublado.
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Golem
“Golem”

Imagínate en la playa un domingo por la mañana. La arena está movediza y la persona que amas está despertando, dudando si llamarte por teléfono o no, para aclarar las cosas. Y te pones a caminar. Bastante más sereno, recordando y mirando hacia adelante al compás de las gaviotas.

El debut de Golem sería la banda sonora perfecta para un instante así. Música para gaviotas. Triste pero hermoso. Tanto, que ni siquiera se te ocurriría cortarte las venas para morir de amor. Tus ojos llorosos no pueden perderse tamaño espectáculo.

Las 13 canciones son de una finura y elegancia prácticamente inéditas en la escena nacional. Alumnos aventajados del profesor Morrisey, la dupla compositiva Rodrigo Quiroga – Manuel Burgos sorprende por su sensibilidad melódica y los cuidadosos arreglos.
“Allí está” es de aquellas canciones que se te quedan pegadas una semana entera, con un omnipresente flanger y un final de teclados coquetos. “Fiel” es la acústica historia de alguien que va cayendo. “Anhelos” es un drama que va creciendo a medida que entran las guitarras y la distorsión. “Ser” tiene unas bases sensuales y bailables. “Hojas Secas” pareciera ser un outtake de “Blood on the Tracks”, de Bob Dylan.

Y en verdad esa es una clave para entender el disco: todos sus temas parecen ser outtakes de discos-emblema de la tristeza infinita. Depende de lo que una haya escuchado antes. El hilo conductor es la opción por privilegiar lo acústico antes que el desgarro instrumental.

Lo mejor es que estaremos esperando el futuro, porque joyas como “Volar” y “Detén el tiempo” nos hacen trepar a esa torre de la canción y desde allí mirar que el gran disco-emblema de la tristeza chilena se viene de forma inminente.
Frente Sonora, Marzo 2004



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